La pregunta del millón. Si buscas una respuesta rápida, aquí la tienes: depende. Cargar un coche eléctrico puede llevarte menos de 20 minutos o más de un día entero. No hay un número mágico, y entender por qué es el primer paso para acertar con tu infraestructura de recarga.
Por qué no hay una única respuesta
Piénsalo de esta manera: ¿cuánto tardas en llenar una piscina? Depende de si usas una manguera de jardín o una boca de bomberos, ¿verdad? Con la electricidad pasa exactamente lo mismo. El tiempo de carga es una danza entre el "caudal" de energía que ofrece el cargador y la capacidad del coche para "tragar" esa energía.
Y aquí es donde la cosa se pone seria para un gestor de hotel, el responsable de un parking o quien supervisa una flota de vehículos. No se trata solo de poner un enchufe en la pared. La clave está en elegir la potencia adecuada para el uso real que se le va a dar, buscando el equilibrio perfecto entre una buena experiencia para el usuario y la rentabilidad de la operación.
La planificación lo es todo
Una decisión mal tomada al principio puede convertirse en un verdadero quebradero de cabeza. Imagina estos escenarios, que por desgracia son más comunes de lo que parece:
- Un hotel que instala cargadores lentísimos. Los huéspedes se levantan por la mañana y descubren frustrados que su coche apenas ha cargado durante la noche. Resultado: una mala reseña y un cliente que no volverá.
- Un parking público donde se forman colas interminables porque los equipos no dan abasto. Esto se traduce en plazas bloqueadas, clientes enfadados y una mala reputación para el negocio.
- Una flota de reparto incapaz de cumplir sus rutas diarias. Los vehículos pasan más tiempo enchufados que en la carretera, lo que destroza la productividad y dispara los costes operativos.
El objetivo de esta guía es darte las herramientas para que tomes decisiones con conocimiento de causa. Vamos a desgranar todos los factores para que puedas diseñar una instalación de puntos de recarga para tu empresa que funcione de verdad, sin sorpresas en los tiempos ni en los costes.
El sector, además, no para de moverse. La infraestructura de recarga en España, sobre todo la de alta potencia, está creciendo a un ritmo vertiginoso. Para que te hagas una idea, según el Barómetro de Electromovilidad de ANFAC, se prevé que para finales de 2025 ya contemos con más de 5.119 puntos de recarga rápida (a partir de 150 kW), lo que supone un crecimiento sostenido de más del 15% cada trimestre. Esto significa que cada pocos meses se instalan cientos de nuevos puntos de este tipo. Si quieres saber más, puedes aprender sobre la evolución de la infraestructura de recarga en España.
Para empezar a poner las cosas en perspectiva, hemos preparado una tabla resumen con los tiempos de carga más habituales. Es un buen punto de partida para hacerte una idea general.
Tiempos de carga estimados por tipo de cargador
Aquí tienes una referencia visual para que veas, de un vistazo, cómo varía el tiempo según la potencia del cargador.
| Tipo de cargador | Potencia habitual | Tiempo estimado de carga (0-80%) |
|---|---|---|
| Carga Lenta (Doméstica) | 2.3 kW – 3.7 kW | 12 – 24 horas |
| Carga Semi-rápida (AC) | 7.4 kW – 22 kW | 3 – 8 horas |
| Carga Rápida (DC) | 50 kW – 150 kW | 20 – 45 minutos |
| Carga Ultrarrápida (DC) | >150 kW | Menos de 20 minutos |
Quédate con esta idea: la tabla es una guía, una aproximación. El tiempo real dependerá de muchos otros factores que vamos a analizar en detalle, desde el tamaño de la batería del coche hasta la tecnología que gestiona la propia carga, como los sistemas basados en el protocolo OCPP. Entender bien todas estas variables es lo que te permitirá planificar con éxito la infraestructura para tu flota de vehículos eléctricos.
Los 5 factores que de verdad marcan la diferencia al cargar tu coche
Saber cuánto tarda un coche eléctrico en cargarse no es tan simple como mirar una tabla. La realidad es que se parece más a una receta de cocina donde intervienen cinco ingredientes clave. Si te falta uno o no entiendes cómo funciona, el resultado nunca es el esperado.
Imagina que quieres llenar una piscina. No solo importa la potencia del grifo, ¿verdad? También influye el tamaño de la piscina, si la manguera es ancha o estrecha, si ya está medio llena y hasta la temperatura del agua. Con la carga de un coche eléctrico pasa exactamente lo mismo.
Vamos a desgranar uno por uno estos factores para que entiendas la historia completa que hay detrás del tiempo que ves en la pantalla.
1. La potencia del punto de recarga (kW)
Este es el punto de partida, el más evidente. Es, básicamente, la "fuerza" con la que el cargador empuja la energía hacia la batería del coche. Lo medimos en kilovatios (kW) y es como el caudal del grifo de nuestra piscina.
- Un enchufe doméstico normal (unos 2,3 kW) es como una manguera de jardín. Cumple su función, pero sin prisas.
- Un wallbox o cargador de pared (entre 7,4 kW y 22 kW) ya sería una manguera de bomberos. Mucho más caudal, ideal para cargarlo por la noche en casa, en un hotel o en el parking de la oficina.
- Un cargador rápido de corriente continua (DC) (de 50 kW para arriba) es una boca de incendios. Está pensado para repostar en minutos, no en horas.
Elegir la potencia correcta es clave. Un hotel, por ejemplo, no necesita instalar un supercargador de 150 kW si sus huéspedes van a dejar el coche enchufado las 8 horas que duermen. Con uno de 7,4 kW es más que suficiente y, desde luego, mucho más rentable.
2. La capacidad de la batería del coche (kWh)
La capacidad, que se mide en kilovatios-hora (kWh), no es más que el tamaño del "depósito" de tu coche. No es lo mismo llenar el tanque de un coche pequeño que el de un camión. Un Dacia Spring, por ejemplo, tiene una batería de unos 27 kWh, mientras que un Tesla Model S puede superar los 100 kWh.
Es de pura lógica: un depósito más grande tarda más en llenarse con el mismo grifo. Cargar una batería de 80 kWh con un cargador de 11 kW te llevará casi el doble de tiempo que una de 40 kWh. Por eso, si estás pensando en instalar cargadores, primero tienes que saber qué tipo de coches los van a usar.

Este esquema lo deja claro: el tiempo de carga no es cosa de un solo elemento, sino de la perfecta sintonía entre el vehículo, el cargador y las condiciones del momento.
3. La potencia máxima que admite el coche
Aquí es donde mucha gente, y muchas empresas, tropiezan. Puedes tener el cargador más potente del mercado, pero si el coche no es capaz de "tragarse" toda esa energía, no sirve de nada. Cada vehículo tiene un límite de potencia que puede aceptar, tanto en corriente alterna (AC) como en continua (DC).
Es como si tienes esa manguera de bomberos de 22 kW, pero el coche solo tiene una "boca de entrada" del tamaño de una de jardín. Aunque el cargador esté ofreciendo 22 kW, si el coche solo admite 11 kW, la carga se hará a 11 kW. Ni un kilovatio más.
Este es uno de los errores más típicos al diseñar una infraestructura de recarga para empresas. Se invierte en equipos sobredimensionados que nunca se aprovecharán al máximo, lo que se traduce en un gasto inútil.
4. La famosa curva de carga
La batería de un coche eléctrico no se carga a un ritmo constante, como si fuera un cubo que se llena de agua. El proceso es mucho más sofisticado para proteger la propia batería. La velocidad de carga es máxima cuando está más o menos vacía (entre el 20% y el 80%) y, a partir de ahí, se ralentiza de forma muy notable.
¿Por qué hace esto? Para cuidar la salud de las celdas, evitando que se sobrecalienten o se degraden antes de tiempo. Es el mismo principio que usas al llenar un vaso de agua hasta el borde: al final, abres menos el grifo para no derramar nada. Esto explica por qué pasar del 80% al 100% puede llevarte casi el mismo tiempo que del 20% al 80%.
Entender esta "curva" es fundamental para gestionar puntos de recarga públicos o flotas. Animar a los conductores a desconectar el coche al llegar al 80% permite que más gente pueda usar los cargadores, haciéndolos mucho más eficientes.
5. La temperatura, el factor olvidado
El último actor en esta obra, y a menudo el gran olvidado, es la temperatura. Las baterías de iones de litio son un poco como nosotros: funcionan mejor en un rango de confort, que suele estar entre los 20ºC y los 25ºC.
- En pleno invierno, con el termómetro bajo cero, la química interna de la batería se vuelve perezosa. El sistema de gestión del coche (BMS) limitará la potencia de carga para protegerla, y los tiempos se alargarán.
- En verano, con un calor sofocante, el sistema tiene que trabajar a tope para refrigerar la batería. Esto también puede hacer que la velocidad de carga baje para evitar que se sobrecaliente.
Por suerte, muchos coches modernos ya vienen con un sistema de "preacondicionamiento". Antes de llegar a un cargador rápido, el propio coche calienta o enfría la batería para que esté en su temperatura ideal y pueda cargar a la máxima potencia desde el primer minuto.
Comprender estos cinco factores es el primer paso para dejar de hacer estimaciones a ojo y empezar a planificar de forma estratégica. Si quieres un presupuesto adaptado a las necesidades reales de tu negocio, puedes solicitar un estudio gratuito con nuestros especialistas.
Poniendo los números sobre la mesa: ejemplos prácticos de negocio
Ahora que hemos desgranado todos los factores que entran en juego, es hora de bajar al terreno y ver cómo se traduce todo esto en el día a día de un negocio. Calcular cuánto tarda en cargarse un coche eléctrico no es física cuántica. De hecho, la fórmula básica es bastante directa y te servirá para hacer estimaciones rápidas y realistas.
La cuenta es sencilla: Tiempo de carga (horas) = Capacidad de la batería (kWh) / Potencia de carga (kW).
Pero ojo, este cálculo nos da una foto ideal: el tiempo que tardaría en pasar del 0% al 100% si la velocidad fuera siempre constante. Como ya vimos con la curva de carga, la realidad es más compleja. Por eso, lo más útil es aplicar esta fórmula a escenarios reales para entender qué implicaciones tiene en tu operativa.
Escenario 1: Un hotel donde los huéspedes pasan la noche
Ponte en la piel del gerente de un hotel con encanto. Quieres ofrecer un servicio de recarga nocturna que funcione sin más. Tus clientes suelen llegar a media tarde y se van por la mañana, lo que te da un margen de entre 8 y 12 horas. Aquí la prioridad no es la velocidad punta, sino la fiabilidad y la comodidad.
- Vehículo de ejemplo: Un Tesla Model 3, con una batería de unos 60 kWh.
- Situación: El cliente llega con el 30% de batería. Necesita recargar unos 42 kWh para tenerlo al 100% a la mañana siguiente.
- Tu solución: Instalas cargadores de corriente alterna (AC) de 7,4 kW.
Hagamos números: 42 kWh / 7,4 kW = unas 5,6 horas. Esto significa que el coche del huésped estará completamente cargado mucho antes de que suene el despertador. Es una experiencia de cliente impecable. ¿Podrías instalar un cargador de 22 kW? Sí, pero sería tirar el dinero, porque estaría la mayor parte del tiempo sin hacer nada.
Escenario 2: Un parking de rotación en un centro comercial
Cambiemos de tercio. Ahora gestionas el aparcamiento de un centro comercial o una zona de oficinas. La gente no deja el coche toda la noche; las estancias típicas son de 2 o 3 horas. El objetivo no es llenar la batería, sino ofrecer una "recarga de oportunidad" que aporte un valor real y tangible.
- Vehículo de ejemplo: Un Volkswagen ID.4 (batería de 77 kWh) que en AC admite hasta 11 kW.
- La necesidad del cliente: Quiere añadir suficiente autonomía para volver a casa o seguir con sus recados.
- Tu solución: Puntos de recarga trifásicos de 11 kW o 22 kW.
Con un cargador de 11 kW, en un par de horas el cliente se lleva 22 kWh extra de energía. En la práctica, eso se traduce en unos 120-140 kilómetros de autonomía adicionales, más que de sobra para la mayoría. Es el tipo de servicio que hace que un cliente vuelva.
La clave no es siempre ir a por la máxima potencia, sino elegir la potencia que encaja con el tiempo de estancia medio de tus usuarios. Un buen sistema de gestión de puntos de recarga (CPMS) es fundamental aquí, ya que te permite ver estos patrones de uso y ajustar tu infraestructura sobre datos reales.
Escenario 3: Una flota de vehículos de reparto
Para una flota de reparto, cada minuto que un vehículo está parado es dinero perdido. Las furgonetas tienen que estar en la calle, produciendo. La recarga tiene que ser un proceso estratégico, encajado a la perfección en las pausas operativas, como la hora de comer del conductor.
- Vehículo de ejemplo: Una furgoneta eléctrica como la Renault Kangoo E-Tech, con una batería de 45 kWh.
- La necesidad operativa: Recuperar el máximo de autonomía en un tiempo muy limitado, por ejemplo, 45-60 minutos.
- Tu solución: Un cargador rápido de Corriente Continua (DC) de 50 kW.
Para cargar del 20% al 80% (que es el 60% de la batería, es decir, 27 kWh), el cálculo sería: 27 kWh / 50 kW = 0,54 horas. O lo que es lo mismo, unos 32 minutos. ¡Perfecto! Este tiempo encaja como un guante en la pausa para comer, permitiendo que la furgoneta vuelva a la ruta con energía de sobra para acabar el día. En este caso, un cargador de alterna sería un cuello de botella que paralizaría toda la logística.
Como ves, entender cuánto tarda un coche eléctrico en cargarse va mucho más allá de una simple fórmula. Es la base para diseñar una infraestructura de recarga para flotas que sea eficiente, rentable y que de verdad funcione para tu negocio. Analizar tus necesidades reales te evitará gastar de más en equipos que no necesitas o, peor aún, quedarte corto y crear un problema operativo donde antes no lo había.
Desde la carga lenta nocturna hasta la ultrarrápida: un mundo de opciones

Si te preguntas cuánto tarda en cargarse un coche eléctrico, lo primero que debes saber es que no hay una única respuesta. El tiempo de recarga es un mundo y depende de dos grandes familias de corriente: la Alterna (AC) y la Continua (DC). Entender esta diferencia es el primer paso, y el más importante, para cualquier negocio que esté pensando en instalar puntos de recarga. Cada tipo de corriente atiende a una necesidad muy concreta.
La carga AC (Corriente Alterna) es, para que nos entendamos, la electricidad que llega a nuestras casas y oficinas. Es una carga más pausada, lo que a la larga es más beneficioso para la salud de la batería. Resulta la solución ideal para esos lugares donde el coche va a estar aparcado durante varias horas: el parking de un hotel, una flota de empresa que descansa por la noche o un garaje particular.
En el otro extremo tenemos la carga DC (Corriente Continua), la protagonista de las "electrolineras" que vemos en las autovías. Aquí la palabra clave es velocidad. Su objetivo es inyectar una cantidad enorme de energía en un tiempo récord, algo imprescindible para quien está en mitad de un viaje largo o para flotas de vehículos que no pueden permitirse el lujo de estar paradas.
Dentro de estas dos categorías, la potencia lo es todo. Vamos a ver qué significa cada nivel en la práctica.
Carga lenta o vinculada (hasta 3,7 kW)
Esta es la forma más básica de cargar un coche. Hablamos de la potencia que obtienes de un enchufe doméstico normal y corriente, el de toda la vida. Es una carga de conveniencia, pensada para dejar el coche enchufado por la noche en el garaje sin ninguna prisa.
- ¿Para quién es? Para el usuario particular que carga en casa durante la noche.
- Lo bueno: No necesita una instalación especial. Es tan fácil como enchufar una lámpara.
- El problema: Para baterías de tamaño medio o grande, una carga completa puede llevar más de 24 horas. Esto la descarta por completo para cualquier uso profesional.
Carga semi-rápida (de 7,4 kW a 22 kW en AC)
Aquí es donde la cosa se pone interesante para la mayoría de los negocios. Esta carga se realiza a través de cargadores de pared, los famosos wallbox, y ofrece un equilibrio fantástico entre velocidad, coste de instalación y cuidado de la batería. Es la opción más inteligente para hoteles, parkings de empresa, centros comerciales o garajes comunitarios.
Un cargador de 7,4 kW llena la batería de la mayoría de coches eléctricos durante la noche (en unas 8 horas), mientras que uno de 22 kW puede darte más de 100 km de autonomía en apenas una hora. Esta es la solución que encaja en el 80% de los casos para entornos comerciales.
Como gestor de instalaciones, la carga semi-rápida en AC es tu mejor aliada. Te permite ofrecer un servicio valioso a tus clientes o empleados sin tener que hacer una inversión desproporcionada ni contratar una potencia eléctrica desorbitada.
Carga rápida (de 50 kW a 150 kW en DC)
Ahora sí, entramos en el territorio de la Corriente Continua (DC). Los tiempos de espera se desploman. Un cargador estándar de 50 kW puede llevar una batería del 20% al 80% en unos 40 o 50 minutos. ¡El tiempo de tomar un café y seguir la ruta!
Estos equipos son cruciales para negocios muy específicos:
- Flotas de reparto: Permiten que los vehículos se recarguen durante la pausa de la comida.
- Estaciones de servicio: Ofrecen una recarga ágil a los viajeros en carretera.
- Parkings de alta rotación: Ideales para usuarios que solo necesitan un "chute" de energía rápido.
Eso sí, la inversión y los requisitos de potencia son mucho más altos, por lo que su instalación tiene que estar muy bien justificada por el modelo de negocio.
Carga ultrarrápida (más de 150 kW en DC)
Esto ya es la élite de la tecnología de recarga. Los cargadores ultrarrápidos, que pueden superar los 350 kW, están pensados para que la parada sea mínima. Hablamos de recuperar cientos de kilómetros de autonomía en menos de 20 minutos. Si quieres saber más, puedes profundizar en cómo funciona la carga rápida para coches eléctricos en nuestro artículo específico sobre el tema.
Su despliegue se centra en autopistas y corredores estratégicos para hacer viables los viajes largos. Aunque la red pública avanza, todavía queda camino por recorrer.
Acertar con el tipo de carga es el primer paso para diseñar una infraestructura que no solo sea rentable, sino que de verdad aporte valor a tus clientes o a tu operativa diaria.
Para que te hagas una idea más clara, hemos preparado una tabla con tiempos estimados para una batería de tamaño medio, que es la que montan la mayoría de coches eléctricos actuales.
Comparativa de tiempos de recarga para una batería de 60 kWh
La siguiente tabla te ayudará a visualizar cómo la potencia del cargador impacta directamente en el tiempo que necesitas para una carga completa (del 0 al 100%). Hemos tomado como referencia una batería de 60 kWh, un tamaño muy común en el mercado.
| Potencia del cargador (kW) | Tipo de corriente | Ubicación común | Tiempo estimado de carga (0-100%) |
|---|---|---|---|
| 3,7 kW | AC | Garaje particular (enchufe doméstico) | ~ 16 horas y 15 minutos |
| 7,4 kW | AC | Wallbox doméstico, empresa, hotel | ~ 8 horas |
| 11 kW | AC | Wallbox trifásico (empresa, hotel) | ~ 5 horas y 30 minutos |
| 22 kW | AC | Wallbox trifásico, cargador público | ~ 2 horas y 45 minutos |
| 50 kW | DC | Estación de carga pública ("Electrolinera") | ~ 1 hora y 10 minutos |
| 150 kW | DC | Estación de carga rápida/ultrarrápida | ~ 25 minutos |
| 350 kW | DC | Estación de carga ultrarrápida (autovía) | ~ 10-15 minutos |
Como ves, la diferencia es abismal. Pasar de un enchufe doméstico a un cargador ultrarrápido puede suponer reducir el tiempo de espera de una noche entera a lo que tardas en tomarte un refresco. Esto demuestra por qué es tan importante elegir la solución adecuada para cada contexto.
Cómo optimizar los tiempos y reducir los costes en el día a día
Entender cuánto tarda un coche eléctrico en cargarse es solo el primer paso. El verdadero reto, sobre todo si gestionas una flota o un punto de recarga público, es aprender a manejar esa carga de forma inteligente. No se trata de poner cargadores y ya está, sino de convertirlos en un activo eficiente que trabaje para ti, optimizando cada kilovatio y cada minuto.
Si no se planifica bien, una infraestructura de recarga puede convertirse en un agujero de costes y dar un servicio mediocre. Por suerte, hay estrategias muy concretas y efectivas para que no te pase.

La regla del 80 % y la magia del preacondicionamiento
Una de las claves de oro, sobre todo en puntos de carga rápida, es explicar a los usuarios cómo funciona la famosa "curva de carga". Como ya hemos comentado, ese último 20 % de batería (del 80 % al 100 %) se carga a un ritmo desesperadamente lento.
Fomentar la «regla del 80 %» en los cargadores DC no solo deja el punto libre mucho antes para la siguiente persona, sino que además ayuda a cuidar y alargar la vida útil de la batería del coche. ¡Todos ganan!
Otro truco que marca la diferencia es el preacondicionamiento de la batería. Muchos coches eléctricos modernos permiten que el conductor prepare la batería (calentándola o enfriándola) mientras se dirige al punto de carga. Animar a que usen esta función es una idea genial, ya que la batería llega en su temperatura ideal, lista para aceptar la máxima potencia desde el minuto uno. Esto puede acortar la parada de forma espectacular.
El balanceo de carga: tu aliado contra sustos en la factura
Cuando tienes varios cargadores funcionando a la vez, el mayor peligro es pasarte de la potencia que tienes contratada. Esos picos de demanda se pagan caros, muy caros, en la factura de la luz.
Y aquí es donde entra en juego una tecnología que ya es imprescindible: el balanceo de carga dinámico (o Dynamic Load Balancing).
Imagina que el balanceo de carga es como un director de orquesta. En lugar de que cada músico toque a todo volumen por su cuenta, el director se asegura de que todos suenen en armonía. El sistema reparte la potencia disponible de forma inteligente y en tiempo real entre todos los coches que están cargando, garantizando que el consumo total nunca supere el límite contratado.
Esta gestión automática es fundamental para tres cosas:
- Evitar que salten los plomos: Adiós a los cortes de suministro por sobrecargar la instalación.
- Eliminar las penalizaciones: Esos cargos extra en la factura por exceso de potencia pueden ser de cientos o incluso miles de euros.
- Aprovechar al máximo la infraestructura: Permite que más vehículos carguen a la vez con la potencia que ya tienes.
Planifica las recargas y aprovecha las tarifas por horas
La guinda del pastel es combinar el balanceo de carga con un poco de cabeza a la hora de planificar. Todos sabemos que la luz no cuesta lo mismo a las tres de la tarde que a las tres de la madrugada.
Un buen sistema de gestión te permite programar las recargas para que se hagan, siempre que sea posible, en las horas valle, cuando la energía es mucho más barata. Esto es oro puro para flotas de vehículos que descansan por la noche. Si quieres saber más sobre cómo exprimir estas franjas horarias, échale un ojo a nuestra guía sobre la mejor tarifa de luz para cargar un coche eléctrico.
Al aplicar estas estrategias, dejas de ser un mero espectador para tomar el control total del proceso. Así es como conviertes una necesidad operativa en una ventaja competitiva y económica real.
Planificando hoy tu infraestructura para el mañana
El número de coches eléctricos en las carreteras españolas no deja de aumentar, y esta es una tendencia que ha venido para quedarse. Ignorarla, sinceramente, es quedarse atrás. Una planificación deficiente hoy puede traducirse en clientes descontentos, problemas operativos y oportunidades de negocio perdidas el día de mañana.
Por eso, diseñar una infraestructura de recarga no consiste solo en cubrir la demanda que tienes ahora mismo. Se trata de construir una solución que pueda crecer contigo, que sea flexible y esté preparada para lo que venga. La clave es apostar por esa flexibilidad desde el primer minuto.
Construyendo sobre cimientos sólidos
Una de las decisiones más inteligentes que puedes tomar es elegir cargadores y software que se basen en estándares abiertos como el OCPP (Open Charge Point Protocol). Piénsalo como si el OCPP fuera un "idioma universal" para los cargadores. Este protocolo asegura que tus equipos puedan hablar con cualquier sistema de gestión, tanto ahora como en el futuro, liberándote de ataduras con un único proveedor.
Gracias a esta interoperabilidad, tienes la libertad de cambiar de operador de software si tus necesidades cambian, sin tener que desechar y reemplazar toda la costosa instalación física.
Una buena estrategia es empezar con una instalación modesta pero bien pensada, dejando ya preparada la preinstalación eléctrica para futuras ampliaciones. Esto te permitirá crecer al ritmo del mercado sin tener que meterte en obras complejas y caras más adelante, adaptándote de forma ágil a una demanda que solo va a ir en aumento.
El crecimiento del parque de vehículos eléctricos ha sido espectacular. Se estima que para finales de 2025, en España circularán cerca de un millón de vehículos electrificados, con una media de 10,5 coches por cada punto de recarga público. Pero la cosa no queda ahí: en los dos primeros meses de 2025, las ventas se dispararon un 35,9% respecto al año anterior, acaparando ya el 13% del mercado. Si quieres profundizar, puedes conocer más sobre la evolución del mercado de vehículos eléctricos.
Esta aceleración deja claro que la pregunta ya no es si debes instalar cargadores, sino cómo hacerlo de la forma más inteligente posible. Anticiparse no solo mejora la experiencia de tus usuarios, sino que también optimiza el precio de la instalación de tu cargador de coche eléctrico a largo plazo.
Resolviendo las dudas más comunes sobre la carga
Para cerrar este tema, vamos a abordar esas preguntas que casi todos se hacen en algún momento. Son las dudas típicas que nos llegan a diario, y aquí te las respondemos de forma clara y directa, sin rodeos.
¿Por qué mi coche no carga a la máxima potencia que ofrece el punto de recarga?
Esta es, sin duda, la pregunta del millón. Te instalas un flamante cargador de 22 kW y, para tu sorpresa, el coche solo parece admitir 11 kW. ¿Qué está pasando? La clave está en que la velocidad de carga final siempre la marca el eslabón más débil de la cadena.
Normalmente, el "culpable" es el propio coche:
- El límite del vehículo: La mayoría de coches eléctricos tienen un límite para la carga en corriente alterna (AC). Aunque tu cargador ofrezca más potencia, si tu coche solo puede gestionar 7,4 kW o 11 kW, esa será la velocidad máxima que verás.
- La famosa curva de carga: Como ya hemos visto, el coche no carga a un ritmo constante. A medida que la batería se llena, sobre todo a partir del 80%, la velocidad baja drásticamente para protegerla.
- La temperatura: Ni mucho frío ni mucho calor. Si la batería no está en su temperatura ideal, el sistema de gestión (BMS) reducirá la potencia de carga para evitar cualquier riesgo.
¿Abusar de la carga rápida estropea la batería?
No es que vaya a estropearla de un día para otro, pero sí, el uso exclusivo y continuado de la carga rápida en corriente continua (DC) puede acelerar su degradación con el tiempo.
Piénsalo de esta manera: es como si solo te alimentaras a base de bebidas energéticas. Te dan un subidón de energía inmediato, pero a la larga no es lo más saludable para tu cuerpo. Lo ideal es un equilibrio: usar la carga lenta en casa o en el trabajo para el día a día y reservar los "chutes" de carga rápida para viajes largos o emergencias.
¿En cuánto tiempo puedo añadir 100 km de autonomía?
Esta es la pregunta que realmente importa en la práctica, la que nos hacemos todos cuando planificamos una ruta. Y la respuesta depende totalmente de la potencia del cargador que uses:
- Punto de recarga de 11 kW (AC): En un cargador como el que podrías tener en un parking de empresa o centro comercial, necesitarás aproximadamente una hora para conseguir esos 100 km.
- Cargador rápido de 50 kW (DC): Aquí la cosa cambia. En una parada corta, en unos 15 o 20 minutos ya tendrías esa autonomía extra.
- Cargador ultrarrápido de 150 kW (DC): En una electrolinera de alta potencia, el tiempo se reduce a apenas 5-7 minutos. Es casi lo que tardas en tomarte un café.
En Evenergia, sabemos que no hay dos casos iguales. Cada hotel, parking o flota de vehículos tiene sus propias particularidades. Por eso, nuestro equipo de especialistas se dedica a analizar tus necesidades para diseñar e instalar una infraestructura de recarga que no solo funcione hoy, sino que esté preparada para crecer contigo.
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